miércoles 21 de octubre de 2009
miércoles 14 de octubre de 2009
martes 13 de octubre de 2009
MONTAÑAS Y AVENTURA - PATAGONIA NORTE
Patagonia desolada y solitaria, para los que aquí vivimos y también para los visitantes, afortunadamente aun quedan lugares que conservan el aislamiento y la suficiente desolación para sentirnos un poco solos, momentos en los cuales reflexionamos acerca de cuanto hemos ganado y cuanto ha quedado atrás. Perduran estos caminos cuyo entorno es la tierra sin habitantes visibles, con perfiles de mesetas y montañas que se pierden en los horizontes australes, lejos de casi todo, muy cerca de la aventura y el sentido de la exploración que aun florece dentro de unos cuantos seres humanos. Una camioneta, mate y paciencia, nos llevarán muy lejos.
Disfrutarlo o sufrirlo depende de muchos factores, pero aquellos que voluntariamente llegamos a recorrer la inmensidad patagónica, entre los Andes y el mar, no podemos estar más que satisfechos, a nuestras anchas yendo en busca de algún lugar aun no muy pisado. Junto a Laura mi esposa, compañera de incontables recorridos, extravíos, éxitos y rotundas derrotas, pensamos que el desafío de lo incierto y desconocido, es una buen motivo para gastar gasoil, cargar mochilas, bicis, los clavos para roca, piquetas, una bolsa de comida y unos pesos para gastos, herramientas necesarias para unos días de encuentro pleno con la naturaleza.
El viaje comenzó en Neuquén la ciudad más importante de Patagonia, desde allí por caminos de asfalto hasta encontrar las rutas de tierra que muestran las fotos, horas sobre piedra y arena para llegar a las primeras estribaciones de la Cordillera del Viento en las cercanías de Chos Malal. En esa zona resuenan los nombre de un par de montañas que la masificación ha convertido en iconos de los ascensos fáciles, Domuyo y Tromen.
Nos negamos a seguir las huellas frescas de tanta gente, no por que los objetivos no merezcan el sacrificio, sino para alimentar el espíritu haciendo un ejercicio de exploración. Bajo fuerte tormenta la Cordillera hace honor a su nombre y nos despacha de un intento de acercamiento al cajón del Tocuyos, viento de más de 100 Km/h nos impide avanzar y pone en serio riesgo nuestras articulaciones, durísimo, con algo de nevisca tratamos de avanzar en un esfuerzo vano que no nos lleva a ningún lado más que al hastío y al agotamiento de energías, frente a la fuerza devastadora de los elementos de la naturaleza desatadas para detenernos y para entretenernos en nuestro afán de lograr algo que para los pobladores no tiene sentido. Regresamos al lugar donde empezamos, el puesto de la familia Vázquez, nos ofrecieron alojamiento y lo aceptamos, compartimos la cena y nos dormimos escuchando el tronar del viento contra los álamos de la huerta que se batía desolada frente a lo inexorable. Por la mañana desayuno con mates, charla y viento y más viento. Decidimos el regreso, el Cajón quedaría para otra oportunidad, el Desecho uno de sus principales cerros debería esperar por nosotros, allí quedó, al fondo de una quebrada semioculto tras las nubes que el viento convierte en sortilegios que le dan vida al cielo. Al llegar a la zona miramos el mismo cerro que desde hace más de diez años, he mirado uno que se eleva cerca de Chos Malal. Varias veces nos preguntamos como sería el ascenso de ese cerro de aspecto desafiante, desde entonces tanto lo he mirado, contemplando su ladera sur cuando está nevada, elevándose en una inclinación incierta desde al valle hasta el cielo, siempre interesante, pero no nos detuvimos antes porque estábamos yendo a otros cerros. Con Laura lo inscribimos como una posibilidad, ya que nuestras preguntas no encontraron respuesta en el pueblo, adquiría mayor interés. Al regresar a Chos Malal, nos detuvimos cerca de una escuela e ingresamos por una picada, que se dirige directo al cerro Negros como se llama esa elevación, el caminito muy precario, con barro por las lluvias recientes obligó a conducir con cuidado y a explotar un poco los recursos de la camioneta, al fin de unos seis kilómetros llegamos al puesto de la familia Rebolledo, los encontramos en medio de sus tareas culturales, el temporal, un poco fuera de estación, los está poniendo en apuros, el frío mata las crías de sus cabras y esto solo se puede evitar con muchos esfuerzos y trasnochadas. Conversamos, les contamos nuestros planes, compartimos un mate y nos indicaron un sendero que nos llevó ladera arriba, por allí fuimos hasta que se terminó la huella y seguimos buscando un lugar para la carpa. Al anochecer del viento solo quedaba una brisa, preparamos la cena y después pasamos buena noche. Temprano pisamos la nieve congelada de la pala sur del cerro, nieve en excelente estado, ganas de caminar y una pendiente menor a la esperada, no teníamos datos que alguien halla subido por ese lugar, no por lo difícil sino por desinterés, porque muchas personas repiten una y otra vez las montañas más elevadas y emblemáticas y dejan estas para que las disfrutemos a solas. Un ascenso franco sin dificultades nos permitió una vista increíble desde la cumbre, muy nevados entre enormes nubes los volcanes de la cordillera de los Andes, pasando por el Domuyo la mayor elevación del lugar con 4709 m.s.n.m. hasta el volcán Tromen otro cuatromil de este norte patagónico. Al bajar luego de acomodar el equipaje como si de un acuerdo de tregua se hubiese tratado, el viento retomó fuerza, caminamos, después al comino una vez más, al fin la ciudad y ahora término esto frente al monitor, para explicar un poco las fotos.
Toni TrAvel
lunes 5 de octubre de 2009
OTRA VEZ
Nos reunimos con Esteban Choque en su casa, la Estancia Calvario, vaya nombre.
El y su señora Teodora Nina, nos esperaron con charqui caliente y buñuelos recién hechos (tortas fritas).
Con los burritos cargamos el equipo hasta el Campo Base, y seguimos la misma senda casi borrada que habíamos remarcado al bajar desde el Campo Alto, resultó más accesible el camino y al llegar a la nieve comimos algo y seguimos por esa pendiente nevada escarchada e irregular ganando metro a metro, pero a buen ritmo.
Encontramos el bolsa con las cosas y rápido armamos la carpa, nos acostamos y en total calma nos abrigamos con las bolsas de dormir, cosa tan agradable, eso de sentirse más o menos seguro, tibio y al reparo, aun estando en una repisa algo confinada y lejos de todo.
Cenamos y con los últimos rayos de sol nos acostamos definitivamente.
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El y su señora Teodora Nina, nos esperaron con charqui caliente y buñuelos recién hechos (tortas fritas).
Con los burritos cargamos el equipo hasta el Campo Base, y seguimos la misma senda casi borrada que habíamos remarcado al bajar desde el Campo Alto, resultó más accesible el camino y al llegar a la nieve comimos algo y seguimos por esa pendiente nevada escarchada e irregular ganando metro a metro, pero a buen ritmo.
Encontramos el bolsa con las cosas y rápido armamos la carpa, nos acostamos y en total calma nos abrigamos con las bolsas de dormir, cosa tan agradable, eso de sentirse más o menos seguro, tibio y al reparo, aun estando en una repisa algo confinada y lejos de todo.
Cenamos y con los últimos rayos de sol nos acostamos definitivamente.
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DESCANSO
En soledad bajamos, llegamos al pueblo y nos acomodamos para descansar durante dos jornadas, nos tocó un domingo, el poblado; despoblado, casi todos los habitantes del lugar se habían ido a una feria a unos cien kilómetros. Laura bordaba y yo pensaba ya que algunas de nuestras cosas estaban con llave dentro de un deposito, así sentados en medio de una plaza, que en poco se diferenciaba de la calle y esta del paisaje circundante, silencio y más silencio y remolinos que elevan tierra hacia el cielo, y nosotros tejiendo esperanzas, mirando al Sajama, al cielo y de vuelta a realidad de aquella plaza tan solitaria en la intersección exacta del desierto y el hastío.
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sábado 5 de septiembre de 2009
CAMPO ALTO 1
La noche no fue buena para mi, la cena escapó de mi estomago, cansado y aun no aclimatado del todo, amanecí antes de los previsto por el fuerte ruido del viento que empujaba con fuerza las telas de la carpita.
Pasamos el día especulando que pasaría con el tiempo, en el cielo se veían unas nubes finas, muy tenues pero que son el preludio de los vientos en esas montañas que están al este de uno de los desiertos mas áridos del planeta.
Todo el día se hizo largo, pero entre té y otras infusiones llegó de nuevo la noche y el viento recobró fuerza al ocultarse el sol.
Durante la noche la temperatura bajó mucho y se colaban pequeñas ráfagas muy frías por los mosquiteros de la carpa, demasiado abundantes, para esas condiciones climáticas y altura.
Pasamos buena noche, pero amaneció como había empezado, con viento y no nos atrevimos a encarar la pendiente de hielo, muy duro y expuesto, con esas condiciones y con Esteban esperándonos. Decidimos pasar el día y regresar temprano al otro para tomar un descanso y no fallarle al arriero que seguro se hubiese preocupado si no bajábamos a tiempo.
Dejamos un bolso con la carpa, comida, equipo y combustible en el campamento, no nos preocuban los extraños en un lugar tan aislado como ese. En el descenso marcamos bien la senda.
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Pasamos el día especulando que pasaría con el tiempo, en el cielo se veían unas nubes finas, muy tenues pero que son el preludio de los vientos en esas montañas que están al este de uno de los desiertos mas áridos del planeta.
Todo el día se hizo largo, pero entre té y otras infusiones llegó de nuevo la noche y el viento recobró fuerza al ocultarse el sol.
Durante la noche la temperatura bajó mucho y se colaban pequeñas ráfagas muy frías por los mosquiteros de la carpa, demasiado abundantes, para esas condiciones climáticas y altura.
Pasamos buena noche, pero amaneció como había empezado, con viento y no nos atrevimos a encarar la pendiente de hielo, muy duro y expuesto, con esas condiciones y con Esteban esperándonos. Decidimos pasar el día y regresar temprano al otro para tomar un descanso y no fallarle al arriero que seguro se hubiese preocupado si no bajábamos a tiempo.
Dejamos un bolso con la carpa, comida, equipo y combustible en el campamento, no nos preocuban los extraños en un lugar tan aislado como ese. En el descenso marcamos bien la senda.
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miércoles 29 de julio de 2009
CAMPO ALTO
Salimos entusiasmados hacia las laderas del Sajama, con la certeza de saber cual era el camino. Seguimos con mucho detalle las marcas que mostraba el suelo, un vestigio de un antiguo sendero nos llevó o otra pendiente nevada y congelada, nos pusimos las botas y crampones bebimos algo y seguimos subiendo con cuidado y atentos a una nieve con pedazos muy congelados. La pendiente no muy importante tenía lo suyo para exigir más de un suspiro. Con viento bastante fuerte llegamos al filo que sirve para armar las carpas, no hay muchos lugares, tal vez para cinco carpas pequeñas muy apretadas, es muy buen lugar, vista de todo el valle, y a la espalda la pendiente de hielo duro de la ruta sur. Unos 300 metros de desnivel de inclinación moderada pero muy expuesto.
Se ve muy linda la vía pero son 1000 metros de desnivel y el filo somital es longuísimo.
Pero el problema más significativo era el viento.
Una vez que armamos la carpa Laura se quedó preparando agua y bajé a buscar el bolso con el equipo, demoré dos horas hasta regresar y en la carpa ya tenia un te que me puso a dormir para recuperar la energía que el día me había consumido. Dormí un poco mientras Laura con el MSR a full hacia más agua fundiendo hielo y una cena en la que no colaboré por que estaba medio liquidado.
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Se ve muy linda la vía pero son 1000 metros de desnivel y el filo somital es longuísimo.
Pero el problema más significativo era el viento.
Una vez que armamos la carpa Laura se quedó preparando agua y bajé a buscar el bolso con el equipo, demoré dos horas hasta regresar y en la carpa ya tenia un te que me puso a dormir para recuperar la energía que el día me había consumido. Dormí un poco mientras Laura con el MSR a full hacia más agua fundiendo hielo y una cena en la que no colaboré por que estaba medio liquidado.
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